Huérfana desde los nueve años, mi familia entera murió la misma noche. Pueden buscarlo si quieren en los diarios del 16 de julio de 1996, no en todos, un recuadro irrelevante del diario "Crónica" y una nota grande en un periódico local de Merlo. "La voz de Pontevedra"
Los periodistas tomaron los testimonios de la policía por medio de una llamada telefónica. Los policías tomaron datos de algunos vecinos y de los médicos del hospital Eva Perón. Todo lo que dicen esos periódicos es falso ¿Es que nunca nadie tomó mi testimonio en serio? ¿Yo que estuve allí y presencie todo? Es por eso que resolví jamás hablar de la tragedia hasta este momento.
Sobre la noche del 16 de julio de 1996 cayó sobre los techos de mi barrio una helada como nunca se ha visto, no era una helada blanca, de humedad y cristales. Era una helada invisible. Una helada que no se posaba sobre las cosas sino que las penetraba sinuosa, artera y diestra como una araña en su tejido. Las plantas se desmayaron sin aire, la chatarra que juntamos sobre el día se volvió negra en su totalidad, iba tiznando esta helada invasora todo por el patio hasta llegar a Dieguito, nuestro caballo. Dieguito nunca se acuesta y se echó esa vez de un lado sobre su carro, nunca supe si pudo despertar. Los perros en cambio, acurrucados en un lavarropas viejo que improvisaron como cucha o entre las chapas de un barril de aceite quedaron a salvo. Solo el Cachilo, siempre solitario, eligió dormir en medio de la calle y se agotó desde adentro, lo consumió y se lo llevó tiritando como todos los inviernos que le trajo la vida.
Yo estaba despierta esa noche, mirando en la oscuridad fría donde dormía toda mi familia, atenta estaba hacia el espectáculo siniestro detrás de la ventana. No podía moverme, tenía miedo de despertar a mi hermano más chico que dormía a mi lado, temía que me supiera despierta mi padre y me retara por eso, temía también a la helada novedosa del afuera y creía que por el solo hecho de haberla descubierto fuese atacada también desde mi corazón, que suavemente lo detuviese esa helada como lo estaba haciendo con todos allá afuera.
Recuerdo claramente que me quedé en silencio observándola por entre una cortina rasgada. Acostada como siempre junto a mi hermano más chico en una cama tipo marinera, debajo de nosotros estaban durmiendo mis otros tres hermanos. Como era la mayor, pude elegir la cama de arriba para mí desde el primer día en que la trajimos. Desde allí solía mirar la calle por entre las cortinas roídas, todas mis noches.
Mis padres dormían en una cama matrimonial justo pegada a la nuestra. En algunas de las tantas noches de desvelo me solían asaltar unas ganas terribles de orinar. Pero para llegar al baño tenía que pisar la cama de ellos. Mi padre se enojaba mucho si lograba despertarlo y mi madre también, a ella la enojaba el hecho de que mi padre se enojara. Los reproches y amenazas se hacían largos y mortificantes en la oscuridad, mi madre tan solo se sumaba a ellos con el correr de los minutos o en algunas veces me justificaba y le atribuía a unos parásitos todo mi incurable desvelo.
Sin embargo esa madrugada única nada me contuvo, asqueada de mis propias cavilaciones me senté en la cama y corrí espantada algo de la cortina rasgada. Puse mi mano en el vidrio y sentí ese frío novedoso, negro y desgarrador. El frio que mata el aliento de los seres. No me equivoqué. La helada pareció presentirme, pareció sentir mi mano por entre el delgado cristal. Sintió mi mirada que la revelaba y me atacó como una fiera. Estalló el vidrio en una explosión silenciosa y se permitió esa helada oscura invadirnos como una niebla sucia.
En ese momento, puerilmente me preocupé una vez más por el reproche de mis padres, por haberlos despertado, por haber roto el vidrio con mi impertinente mirada. Pero no fue así, no había despertado a nadie, estaban todos aun muy dormidos, dormidos como el Cachilo en el medio de la calle o como Dieguito dormido sobre la chatarra de su carro. Pobre Diego, si lo hubiera desatado, quizás...
"Monóxido de carbono mata a una familia en Merlo" "Brasero mata a un matrimonio y cuatro chicos.... Nena de nueve años sobrevive". Si leen detenidamente cada palabra de los titulares notaran que están completamente equivocados, ninguno habla de la helada oscura del 16 de julio de 1996.
Los periodistas tomaron los testimonios de la policía por medio de una llamada telefónica. Los policías tomaron datos de algunos vecinos y de los médicos del hospital Eva Perón. Todo lo que dicen esos periódicos es falso ¿Es que nunca nadie tomó mi testimonio en serio? ¿Yo que estuve allí y presencie todo? Es por eso que resolví jamás hablar de la tragedia hasta este momento.
Sobre la noche del 16 de julio de 1996 cayó sobre los techos de mi barrio una helada como nunca se ha visto, no era una helada blanca, de humedad y cristales. Era una helada invisible. Una helada que no se posaba sobre las cosas sino que las penetraba sinuosa, artera y diestra como una araña en su tejido. Las plantas se desmayaron sin aire, la chatarra que juntamos sobre el día se volvió negra en su totalidad, iba tiznando esta helada invasora todo por el patio hasta llegar a Dieguito, nuestro caballo. Dieguito nunca se acuesta y se echó esa vez de un lado sobre su carro, nunca supe si pudo despertar. Los perros en cambio, acurrucados en un lavarropas viejo que improvisaron como cucha o entre las chapas de un barril de aceite quedaron a salvo. Solo el Cachilo, siempre solitario, eligió dormir en medio de la calle y se agotó desde adentro, lo consumió y se lo llevó tiritando como todos los inviernos que le trajo la vida.
Yo estaba despierta esa noche, mirando en la oscuridad fría donde dormía toda mi familia, atenta estaba hacia el espectáculo siniestro detrás de la ventana. No podía moverme, tenía miedo de despertar a mi hermano más chico que dormía a mi lado, temía que me supiera despierta mi padre y me retara por eso, temía también a la helada novedosa del afuera y creía que por el solo hecho de haberla descubierto fuese atacada también desde mi corazón, que suavemente lo detuviese esa helada como lo estaba haciendo con todos allá afuera.
Recuerdo claramente que me quedé en silencio observándola por entre una cortina rasgada. Acostada como siempre junto a mi hermano más chico en una cama tipo marinera, debajo de nosotros estaban durmiendo mis otros tres hermanos. Como era la mayor, pude elegir la cama de arriba para mí desde el primer día en que la trajimos. Desde allí solía mirar la calle por entre las cortinas roídas, todas mis noches.
Mis padres dormían en una cama matrimonial justo pegada a la nuestra. En algunas de las tantas noches de desvelo me solían asaltar unas ganas terribles de orinar. Pero para llegar al baño tenía que pisar la cama de ellos. Mi padre se enojaba mucho si lograba despertarlo y mi madre también, a ella la enojaba el hecho de que mi padre se enojara. Los reproches y amenazas se hacían largos y mortificantes en la oscuridad, mi madre tan solo se sumaba a ellos con el correr de los minutos o en algunas veces me justificaba y le atribuía a unos parásitos todo mi incurable desvelo.
Sin embargo esa madrugada única nada me contuvo, asqueada de mis propias cavilaciones me senté en la cama y corrí espantada algo de la cortina rasgada. Puse mi mano en el vidrio y sentí ese frío novedoso, negro y desgarrador. El frio que mata el aliento de los seres. No me equivoqué. La helada pareció presentirme, pareció sentir mi mano por entre el delgado cristal. Sintió mi mirada que la revelaba y me atacó como una fiera. Estalló el vidrio en una explosión silenciosa y se permitió esa helada oscura invadirnos como una niebla sucia.
En ese momento, puerilmente me preocupé una vez más por el reproche de mis padres, por haberlos despertado, por haber roto el vidrio con mi impertinente mirada. Pero no fue así, no había despertado a nadie, estaban todos aun muy dormidos, dormidos como el Cachilo en el medio de la calle o como Dieguito dormido sobre la chatarra de su carro. Pobre Diego, si lo hubiera desatado, quizás...
"Monóxido de carbono mata a una familia en Merlo" "Brasero mata a un matrimonio y cuatro chicos.... Nena de nueve años sobrevive". Si leen detenidamente cada palabra de los titulares notaran que están completamente equivocados, ninguno habla de la helada oscura del 16 de julio de 1996.

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