Con mas vida que la muerte se me presentó en mi último suspiro
“--¿Cómo puedes estar aquí niño?” El no me escuché, la vida tampoco y se mantuvo indiferente con él, en una pose que tantas veces he visto.
Una mugre avanzaba desde sus pies desnudos y una mucosidad vieja ascendía y descendía por su nariz. Su mano derecha mantenía en el aire una pluma que asignaba a que lado tendría que ir el viento. Estaba feliz y esperaba algo.
Una bandada de pájaros torpes comenzaron a interrumpir la luz y el niño como una estatua que continua un movimiento petrificado en siglos, comenzó a correr sobre las sombras que la gravedad parecía traer de las aves.
Ese niño era yo y ambos lo sabíamos, lo sé. De niño recuerdo haber visto en esas correrías de plumas y sombras a un hombre que no sé por que locura o capricho insistía en revelarme que era yo mismo deformado por el tiempo, como si un viento hubiese desgastado, cortajeado y abatido al barro original.
“-¡Cómo puede ser!- me pregunté al niño “-¡Cómo puede ser que estemos los dos mirándonos bajo un mismo sol, como una misma alma puede estar en dos cuerpos en el mismo espacio y tiempo!
El niño despectivamente me contesté: - Tú ya no tienes alma viejo.
“--¿Cómo puedes estar aquí niño?” El no me escuché, la vida tampoco y se mantuvo indiferente con él, en una pose que tantas veces he visto.
Una mugre avanzaba desde sus pies desnudos y una mucosidad vieja ascendía y descendía por su nariz. Su mano derecha mantenía en el aire una pluma que asignaba a que lado tendría que ir el viento. Estaba feliz y esperaba algo.
Una bandada de pájaros torpes comenzaron a interrumpir la luz y el niño como una estatua que continua un movimiento petrificado en siglos, comenzó a correr sobre las sombras que la gravedad parecía traer de las aves.
Ese niño era yo y ambos lo sabíamos, lo sé. De niño recuerdo haber visto en esas correrías de plumas y sombras a un hombre que no sé por que locura o capricho insistía en revelarme que era yo mismo deformado por el tiempo, como si un viento hubiese desgastado, cortajeado y abatido al barro original.
“-¡Cómo puede ser!- me pregunté al niño “-¡Cómo puede ser que estemos los dos mirándonos bajo un mismo sol, como una misma alma puede estar en dos cuerpos en el mismo espacio y tiempo!
El niño despectivamente me contesté: - Tú ya no tienes alma viejo.

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