En la penumbra
sostiene la lámpara vacía. No hay calor ni luz que no fuera sus ojos y su
aliento, expectante sostiene el silencio para poder entender lo que sucede,
siente que el frio le entumece los pies y avanza en un paso cíclico que va de
atrás hacia adelante y de izquierda a derecha. Sostiene el aire en los pulmones
y camina al fin decidida hasta donde duerme la anciana. se acerca hasta su
catre y se detiene a contemplarse el rostro. pareciese querer proteger
instintivamente una llama frágil. la niña esta incomoda ante lo que puede
suceder en cualquier momento, como si de alguna forma nunca hubiese podido
acostumbrarse. La oscuridad, contrario a lo que le ocurre a otros niños, la
protege, la hace invisible, la hace intima con las formas de lo que duerme vivo
y lo que duerme muerto. Un puente emerge hacia los otros, entonces la conocen y
ella los imagina desde adentro y los comprende o por lo menos ella así lo
piensa. Ella tiene la singular tendencia de no poder dormir y los visita con su
lámpara inútil.
Parece un fantasma,
acomete como uno, pero la diferencia está en que ella lo hace con un pequeño
cuerpo vivo y sagrado. el secreto es que el nombre de Narayan la moviliza.
"Rama, Rama" susurra a la anciana que se está ya por morir.
"Rama, Rama" y se atreve a posarle una mano en el hombro. la anciana
abre los ojos y la entiende con mucho esfuerzo en lo oscuro de la habitación,
descifra con espanto su muerte y se entumece. Se resiste pese a que su paso por
este mundo fue miserable. intenta escabullírsele a esa calambre como una
anguila intenta zafársele a unas manos poderosa. "Rama, Rama". La
niña intenta calmar aquel convulsionado final "Rama, Rama" la anciana
cede, imposible no ceder ante la cautivante voz, aquel nombre la cubre de un frio
de cien mil noches, la anciana está agotada y nueva, como si emergiera de un
rio donde ha nadado siempre, mil vidas "Rama, Rama" los músculos se
sueltan, la boca se abre en agradecimientos y las lagrimas y los bellos
erizados también caen. "Rama, Rama". La anciana ya muere para ser
otra cosa y la niña entonces vuelve a tomar su lámpara y sopla sobre ella, como
si una lumbre inconcebible allí estuviera, entonces todo el lugar comienza a
parpadear luz, destellos de claridad salieron de esa lámpara por unos
instantes. En un segundo intento la niña sopla de forma sostenida aquella llama
imperceptible y entonces la luz lo ocupa todo. Como si una vela de oscuridad se
hubiera apagado.

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